miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cuando Alguien se Convierte en Cristiano

Estas cosas pueden parecer ridículas a otros, aun tan ridículas como eran en sí, pero para mí eran pensamientos muy atormentados…
John Bunyan
 
Muchos protestantes huyeron a Inglaterra durante la reforma protestante para escapar la persecución. Hasta Cipriano de Valera, el primer editor de la Biblia Reina-Valera (1602) emigró a ese país cuando Isabel I asumió el trono porque se toleraban los protestantes.

Isabel y los reyes que vinieron después de ella querían que la iglesia se mantuviera baja la autoridad del rey de Inglaterra, y durante los 1600s grupos que no se conformaron a la Iglesia de Inglaterra fueron perseguidos. John Bunyan era pastor bautista y fue encarcelado muchas veces y por muchos años por predicar sin autorización eclesiástica. Durante uno de sus encarcelamientos escribió su autobiografía, Gracia Abundante para el Mayor de Pecadores.

En este libro Bunyan contó de cómo llegó a ser creyente y las luchas internas que tenía en cuanto a su pecado. Creía que había pecado en contra de Jesús y que no le quedaba sacrificio adecuado. Comentó «Estas cosas pueden parecer ridículas a otros, aun tan ridículas como eran en sí, pero para mí eran pensamientos muy atormentados…»

Creo que su experiencia es muy similar a la de todos los que confían en Jesús. Al recordar las razones que teníamos cuando no queríamos aceptar el evangelio, nos damos cuenta de cuan ridículas eran, pero también de cuan reales eran para nosotros. Cada persona que no ha aceptado el evangelio tiene alguna razón por no creer en Jesús. Quizás creen que no pueden ser perdonados. Quizás temen las opiniones de otros. Quizás quieren seguir practicando cierto pecado. Al fin y al cabo, los que creen encuentran en Jesús algo más dulce que cualquier otra cosa que el mundo ofrece.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Juego de Tronos: En Tiempo de los Jueces

Al principio de 1 Samuel se encuentra el pueblo de Israel desorganizado y dividido. Aunque deberían de estar unidas en su pacto con Yahvé, las doce tribus estaban metidas en la idolatría y divididas políticamente. Los filisteos y otras naciones los oprimían. Dios había levantado a jueces para unificar al país y liberarlo de sus enemigos, pero Israel quedaba sin juez.

Poco antes la tribu de Benjamín casi fue erradicada por las otras tribus porque rehusaron entregar a unos violadores y asesinos para enfrentar a la justicia. En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus ojos.

Entonces vemos a una mujer que se llama Ana. La infertilidad, una consecuencia del juicio de Dios sobre su pueblo y una marca de vergüenza, había tocado a ella. Su marido, Elcaná, tomó a Penina como segunda esposa para que ella le dé hijos. Penina estaba celosa por el cariño que Elcaná mostró a Ana, se burlaba de Ana y de su esterilidad. Frente al dolor y la vergüenza  que siempre la acompañaba, Ana casi no lo podía soportar.

El tabernáculo del Señor, el lugar escogido para adorar a Dios, se encontraba en Siló. La familia de Elcaná iba allí una vez al año para rendirle culto conforme a la Ley de Moisés. Una vez allí, la vergüenza de su condición y las burlas de Penina dejan a Ana abrumada. Lágrimas amargas mojan sus mejillas cuando ora a Dios, pidiéndole que se acuerde de ella y le conceda un hijo varón para quitar su vergüenza. Ella promete darle a Dios este niño para su servicio como nazareno. Quizás está pensando en la historia del último juez de Israel, Sansón (Jueces 13). Este nació a una mujer estéril como promesa de Dios y vivió toda su vida como nazareno, aunque aún él capituló a las prácticas inmorales de esa época.

El sumo sacerdote, Elí, vio a Ana mientras ella estaba orando y pensó que estaba borracha por su conducta, pero al saber de su situación, la bendijo y dijo, «Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»

Ella se sintió mejor después de este episodio y regresó con su familia a Ramá. Poco tiempo después se encontró embarazada. Dio a luz a un hijo varón, tal como ella había pedido al Señor, así que lo llamó Samuel, que significa “Pedido del Señor.” Dios la había quitado la vergüenza de su condición.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

David: Juego de Tronos

Cada vez que leo acerca de la vida del Rey David, me pregunto por qué su vida no se ha trasladado a la gran pantalla o una serie de televisión. Hay bastantes intrigas políticas, mala conducta sexual, y violencia desenfrenado para satisfacer las curiosidades malsanas de los mismos clientes de HBO que vean Game of Thrones [Juego de Tronos]. (No veo el programa, pero mis compañeros del trabajo sí.)

Aunque el árbol genealógico de Saúl estaba bien entretejido con los oficios gubernamentales de su reino, el de David era así aún más. Su sobrino, Joab, encabezaba el ejército. Los hermanos de Joab formaban parte de los Valientes de David, un grupo de soldados élites. Otro sobrino, Jonadab, planificó con Amnón, hijo de David, la violación de Tamar, la hija de David. Otro sobrino, Amasa, encabezó las fuerzas militares de Absalón, hijo de David, en golpe de estado. Cuando David le ofreció el puesto de Joab, Joab mató a Amasa. No es difícil llegar a la conclusión de que David no le podía castigar por su ser pariente de él.

Betsabé, quien entra en la historia al adulterar con David, era hija de uno de los Valientes de David y nieta de Ajitofel, uno de los consejeros más confiados de David. Ajitofel apoyó a Absalón, pero se suicidó cuando se dio cuenta de que la rebelión iba a fallar.

Escándalo e intrigas. Un recordatorio del gran alcance de los efectos de nuestros pecados.

martes, 5 de noviembre de 2013

Sin Haber Estudiado

Juan 7:12-15 Entre la multitud corrían muchos rumores acerca de él. Unos decían: «Es una buena persona.» Otros alegaban: «No, lo que pasa es que engaña a la gente.» 13 Sin embargo, por temor a los judíos nadie hablaba de él abiertamente. 14 Jesús esperó hasta la mitad de la fiesta para subir al templo y comenzar a enseñar. 15 Los judíos se admiraban y decían: «¿De dónde sacó éste tantos conocimientos sin haber estudiado?»

¿Alguna vez te has dado cuenta de que Jesús no estudió bajo rabí (maestro judío) según la costumbre establecida en su día? Pablo, escritor de la mayoría del Nuevo Testamento, estudiaba las escrituras bajo el rabí más famoso en Jerusalén, Gamaliel. Cuando se convirtió en cristiano e intentó explicar el evangelio a Festo, este le acusó de haberse vuelto loco: “El mucho estudio te ha hecho perder la cabeza” (Hechos 26:24). Si haya una persona en la Biblia que entendía las escrituras, era Pablo.

¿Pero Jesús? A pesar de que él podía leer (Lucas 4:16-21) y escribir (Juan 8:6-8), no había estudiado bajo ningún rabí. Nadie le contrataría para ser maestro en la sinagoga con un currículum tan vacío. Por eso es bien importante lo que nuestro pasaje dice en versículo quince: “Los judíos se admiraban y decían: «¿De dónde sacó éste tantos conocimientos sin haber estudiado?»”

Si sigues leyendo el pasaje, encontrarás que el autor no nos da una respuesta a esta pregunta. Yo puedo imaginar cuatro posibilidades:
  1. Jesús había estudiado bajo un rabí, pero la gente no lo sabía.
  2. Jesús no tenía que estudiar porque, como Dios el Hijo, ya sabía todo.
  3. Jesús había estudiado las escrituras por sí mismo.
  4. El Padre se le había revelado milagrosamente.
La primera posibilidad no es muy probable. Ninguno de los cuatro Evangelios dice que Jesús estudió bajo un rabí, y no he oído de ninguna fuente contemporánea que sugiere esto.

La segunda posibilidad también tiene problemas. Aunque confesamos que Jesús es cien por ciento Dios, los Evangelios frecuentemente dicen que Jesús obró a través del Espíritu Santo. Cuando era  niño, “siguió creciendo en sabiduría y estatura” (Lucas 2:52), y cuando creció no sabía cuándo el fin iba a ocurrir (Mateo 24:36). Jesús, aunque era Dios, vivió como hombre para morir en nuestro lugar (Filipenses 2:6-8). No es muy probable que utilizó su divinidad para entender las escrituras.

Yo creo que la tercera y la cuarta hacen juego juntos. Jesús sabía manejar el libro de Isaías (Lucas 4:17). Estaba bien familiar en sus manos porque lo leía y estudiaba. Es muy fácil encontrar muchos lugares en los Evangelios donde Jesús recita la escritura de memoria. Nadie memoriza la escritura sin leerla y oírla frecuentemente. Y en ese entonces, no era inusual encontrar a alguien que había memorizado todo el Antiguo Testamento, o en tiempos después de Cristo, ¡el Nuevo Testamento también!

Al otro lado, fue Dios quien le reveló esto a través del Espíritu Santo. Jesús también dice en muchos lugares que está diciendo lo que el Padre le había llamado a decir (Juan 8:28).

Si esto es verdad, entonces ¿qué tiene que ver conmigo? En primer lugar, debemos reconocer que Jesús es Dios. Tanto sus obras como sus enseñanzas muestran que no era mero profeta o maestro bueno, sino Dios en carne.

Segundo, debemos reconocer que Dios no es limitado por nuestra falta de educación. Conozco a algunos hombres que ni siquiera terminaron la escuela secundaria y que se convirtieron en lectores para Cristo. Ahora saben mucho por el acto simple de leer las escrituras diariamente. También conozco a otras personas más “educadas” que profesan ser creyentes pero su relación con la Biblia se encuentra solo cuando asisten a la iglesia.

Dios revela la verdad a sus seguidores cuando le buscan a través de su palabra. No quiere decir que no vamos a errar, o que la educación sea infructífera (estudio para una licencia en un seminario bíblico), sino que Dios es quien nos recompensa el estudio bíblico con sabiduría bíblica.

No debemos preocuparnos por nuestra educación o falta de la misma cuando estamos buscando a Dios en su palabra. Él tiene toda la educación que necesitamos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Quinto: Honra a tu padre y a tu madre

Los diez mandamientos son bien famosos hoy en día aunque la mayoría de la gente no los sabe. El quinto mandamiento es diferente a los demás porque tiene una promesa apegada a ello:
Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios. (Éxodo 20:12)
Pablo dijo en Efesios 6:1-3,
Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. «Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa—para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.»
 
La familia es la unidad social más fundamental de la sociedad. Respeto para los padres se traslade a respeto para los gobernantes. Si se falta el primero, pronto tendremos escasez del otro. Por eso Dios añade la promesa—para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra. El pueblo que no respete a los padres es un pueblo sin justicia. Es un pueblo sin orden.

Este mandamiento no es sólo para los hijos de menos de 18 años o los que viven en casa de sus padres. Es para todos nosotros que tenemos padres. Claro que la relación entre padre e hijo cambia a través de los años, pero el mandamiento sigue igual—hay que honrar a nuestros padres. Cuando estamos pequeños, hay que obedecerles. Cuando somos grandes, hay que respetarles y honrarles aunque no estamos bajo su autoridad. Dios ha puesto autoridades en nuestras vidas—padres, al principio, y gobernantes.

Dios quiere lo mejor para su pueblo. Si nosotros no honramos a nuestros padres e incluso los gobernantes, no vamos a poder experimentar  la paz y seguridad que él quiere para nosotros.

jueves, 31 de octubre de 2013

¡Atención, por favor!

Admito que no siempre mantengo la perspectiva apropiada de la santidad de Dios. Es muy fácil cantar, “Eres santo”, “Santo, santo, santo” y “Santo es el Señor” en voz alta sin tener una actitud y acciones que hacen juego con mis proclamaciones. Si Dios es santo, ¿cómo nos debe afectar en la iglesia?

Hoy en día no es difícil encontrar a una persona que juega videojuegos en su iPhone o iPad durante el servicio. No es difícil encontrar a unas personas hablando de deportes en el atrio mientras el pastor predica la Palabra de Dios. No es difícil oír una persona criticar a otra por su ropa o compra o cualquier otra cosa cuando los cantantes hacen sus preparaciones.

Cuando Dios le habló a Moisés a través de la zarza ardiente, le mandó a quitarse las sandalias “porque estás pisando tierra santa” (Éx. 3:5). ¿Nos es una gran molestia apagar el celular o terminar la conversación para darle a Dios la atención y gloria que merece?

La santidad de Dios es algo incomprensible para nosotros. Él es perfecto, puro… y completamente distinto de toda su creación. Tal como mi esposa espera que yo no chequee mi cuento de Facebook durante la cena, Dios espera que nosotros le prestemos atención cuando venimos a adorarle. Cuando no podemos decir “no” a nuestras máquinas o nuestros amigos que quieren conversar, estamos diciendo que nosotros somos más importantes que el que nos creó.

Quizás esta semana tú y yo podemos congregarnos con el pueblo de Dios y darle a Dios la gloria que es suya. Sin distraernos por ídolos que fabricamos en nuestras mentes y que llevamos en nuestros bolsos. Él es digno de nuestra atención.

miércoles, 30 de octubre de 2013

5 Solas de la Reforma Protestante

El 31 de octubre, 1517, un monje alemán llamado Martín Lutero inició la Reforma Protestante al pegar una lista de asuntos para discutir, entre ellos las indulgencias y la autoridad del Papa. Pocos años después tradujo Lutero la Biblia a alemán. Durante el siglo XVI sólo los eruditos podían leer las escrituras porque sólo la Vulgata (una traducción a latín) era legal poseer en la mayoría de los países católicos. Versiones “vulgares” (comunes) no se podían escribir ni leer. Pocos eclesiásticos leían la Biblia, prefiriendo usar ritos y liturgias de la Iglesia Católica Romana en vez del texto bíblico en la iglesia.

Gracias a hombres como Martín Lutero (alemán), William Tyndale (inglés) y Casiodoro de Reina (español), la Biblia fue traducida para que la gente común pudiera leerla. Los que querían reformar las prácticas y la doctrina de la Iglesia Católica Romana para que convenga más con las Sagradas Escrituras formularon cinco frases que resumieron sus prioridades en la Reforma: 
Sola scriptura = Sola escritura
Este principio refiere a la fuente de autoridad para estas prácticas y doctrinas. En 1.500 años muchas prácticas y enseñanzas entraron en la Iglesia que no tenían nada que ver con lo que la Biblia enseña. Los reformistas querían regresar a la Biblia como autoridad en vez de las tradiciones humanas. Esto no quiere decir que no se puede aprender algo de los credos, libros, y otras fuentes de la historia del Cristianismo, sino que todo tiene que ser sometido a lo que la Biblia dice.

Sola fide = Sola fe
Al leer la Biblia, los reformistas se dieron cuenta de que la verdad es que Dios nos considera justos por creer en Jesús, no por vivir rectamente. Algunos pueden preguntar, ¿qué malo hay en decir que se necesita la fe más obras? ¡Mucho! La Biblia enseña que es por causa de la fe en Jesús, no las obras buenas que hagamos, que Dios nos salva. Gálatas 2:16 dice, “Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe de Jesucristo, y también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, ya que por las obras de la ley nadie será justificado.” Aunque puede parecer bien claro que somos justificados por la fe, la Iglesia Romana afirma todavía que las obras completan la obra de Jesús y nos justifican ante Dios.

Sola gratia = Sola gracia
Relacionado al punto anterior, los reformistas enseñaron que la salvación del hombre se recibe sólo por la gracia de Dios. La gracia es algo inmerecido, así que Dios no nos salva como deber o pago por algo que hemos hecho para agradecerle.

Solo Christo = Solo Cristo
Cristo es el único mediador y salvador del ser humano. Para los reformistas, esto significaba que las oraciones y la veneración dirigidas a los santos y la Virgen María contradicen las escrituras (por ejemplo, la prohibición de adorar imágenes). También significaba que no es necesario ser parte de la Iglesia Católica Romana o someterse al Papa para ser una verdadera iglesia de Cristo.

Soli Deo gloria = A Dios solo sea la gloria
Este principio es el fundamento de los demás. Si realmente queremos que Dios reciba toda la gloria, debemos creer y actuar conforme a su Palabra, proclamar su evangelio que ofrece la salvación por gracia a través de la fe, una salvación que se encuentra en Cristo sólo, no por nuestras obras. 
Muchas personas hoy en día no reconocen la importancia de la diferencia entre las posiciones de los reformistas y las de la Iglesia Católica Romana. Para las personas que murieron por causa de afirmar estas doctrinas, la diferencia no sólo significaba la vida o la muerte, sino también el cielo o el infierno.