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domingo, 20 de mayo de 2012

Dios se exalta, y así es como debe ser


18 Por la sangre que derramaron, descargué mi enojo sobre ellos, pues con sus ídolos contaminaron la tierra. 19 Por eso los dispersé por todas las naciones y por todos los países, pues los juzgué como lo merecían sus acciones y su conducta. 20 Cuando llegaron a las naciones a las que fueron llevados, profanaron mi santo nombre, pues de ellos se decía que eran el pueblo del Señor, y que de la tierra del Señor habían salido. 21 Y me ha dolido ver que mi santo nombre ha sido profanado por el pueblo de Israel entre las naciones a las que fueron llevados. 
22 Por eso, dile al pueblo de Israel que yo, su Señor y Dios he dicho: “Pueblo de Israel, no lo hago por ustedes, sino por causa de mi santo nombre, el cual ustedes profanaron entre las naciones a las que fueron llevados. 23 Pero yo santificaré la grandeza de mi nombre, el cual ustedes profanaron entre las naciones. Y cuando delante de sus ojos yo sea santificado en medio de ustedes, las naciones sabrán que yo soy el Señor.
Palabra de Dios el Señor. 
(Ezequiel 36:18-23, RVC, énfasis mío)
Dios es el único ser para quién sería injusto no exaltarse. Cuando nosotros como seres humanos nos exaltamos en lugar de Dios, es orgullo, es pecado. Cuando los demonios se exaltan en lugar de Dios, es orgullo, es pecado. Cuando Dios se exalta sobre todo, es como debe ser.

Esto puede ser difícil aceptar. Preferimos pensar que Dios existe para nosotros. Como si Dios nos necesita para expresar su amor, aunque antes del principio del tiempo Dios siempre ha expresado su eterno amor entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

Debemos de meditar en versículos como estos en Ezequiel. Quizás nunca adornarán una taza de café en la librería cristiana, pero son parte de la palabra de Dios y merecen nuestra atención.

Recursos adicionales:

Todas las cosas son de Dios, por Dios, y para Dios. La gloria es toda Suya” por John Piper
La felicidad de Dios: fundamento del hedonismo cristiano” por John Piper

miércoles, 29 de febrero de 2012

La Trinidad en Salmo 33


Salmo 33:6 RVC
Con su palabra, el Señor hizo los cielos;
todo lo creado lo hizo con un soplo de su boca.
Juan 1:2-3 RVC
La Palabra estaba en el principio con Dios.
Por ella fueron hechas todas las cosas.
Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho.

De vez en cuando encuentro un nexo entre el Antiguo Testamento y el Nuevo que no reconocía antes. Este es uno de ellos. Por mucho tiempo los eruditos han reconocido que los primeros 14 versículos del Evangelio según Juan son un tipo de poesía. Casi cada creyente sabe que los Salmos son poesía también.

Cuando leo algo como esto donde y paralelo tan claro, me pregunto si el escritor en el Nuevo Testamento intencionalmente quería aludir al pasaje del Antiguo Testamento o si su mente había sido renovado (Rom. 12:1-2) por leer la Escritura tanto que le afectó su forma de hablar y escribir. Por lo menos puedo decir que hay un nexo entre Juan 1:2-3 y el Salmo 33:6 sea que Juan lo reconocía cuando lo hizo o no.

Cristianos han alegado que cuando el Antiguo Testamento refiere a la “palabra del Señor” en cuanto a la creación, que eso era Dios el Hijo. También han alegado que el “soplo” del Señor representaba al Espíritu Santo. Así que en Salmo 33:6 se ve la santa Trinidad: El Padre (“el Señor”), el Hijo (“su palabra”), y el Espíritu Santo (“soplo de su boca”). Cuando Dios creó todo, toda la Trinidad participó.

En el Evangelio según Juan, el autor quiere mostrarnos que Jesús realmente es Dios. Para sus lectores judíos muestra que Él era esa palabra del Antiguo Testamento. Como los judíos estaban bien familiarizados con los Salmos, sería bien difícil no reconocer lo que estaba haciendo Juan en estos primeros versículos (con alteración mía):

Salmo 33:6 RVC
Con su palabra, el Señor hizo los cielos;
todo lo creado lo hizo con un soplo de su boca.
Juan 1:2 RVC
Por [la Palabra] fueron hechas todas las cosas [por el Señor].