domingo, 17 de marzo de 2013

¡Hacia Macedonia!

Mapa 1 (haz clic para verlo más grande)

Después del concilio de Jerusalén en Hechos 15, Pablo le dijo a Bernabé, “Volvamos a visitar a los hermanos en las ciudades donde hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están” (v36). Él quería averiguar cómo estaban los creyentes en las regiones alrededor de Galacia, especialmente porque había personas intentando forzarles a circuncidarse y básicamente convertirse en judíos. Lamentablemente ellos se separaron por causa de un desacuerdo y Pablo se fue con Silas mientras que Bernabé y Juan Marcos se fueron a la isla de Chipre.

Mapa 2 (haz clic para verlo más grande)
Cuando Pablo y Silas habían cumplido el trabajo que querían hacer, decidieron continuar hacia la región de Asia (que hoy en día es el oeste de Turquía) para establecer iglesias en Éfeso, lo que en ese entonces fue la cuarta o quinta ciudad más grande en todo el Imperio Romano. Pero “el Espíritu Santo no les permitió proclamar la palabra en Asia” (16:6). Así que circularon esa región hacia el norte, pasando por las regiones de Frigia y Galacia (véase el mapa 1).

Una vez que ellos entraron en la región de Misia, ellos “intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu tampoco se lo permitió” (v7; véase el mapa 2). Bitinia era una región en el norte de Turquía con una alta población de judíos y Pablo probablemente quería usar su método de anunciar el evangelio en las sinagogas de esa región.
Mapa 3 (haz clic para verlo más grande)

Por fin llegaron al puerto de Troas en la costa noroeste de Turquía (véase el mapa 3). En la noche Dios le reveló su voluntad por medio de un sueño: había de ir a la región de Macedonia en el continente de Europa. Hay que recordar que en Hechos 1:8 Jesús les dijo a sus discípulos que ellos iban a ser sus testigos “en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. En el plan soberano de Dios el mensaje tenía que penetrar en las regiones más lejanas del mundo y el continente de Europa era el siguiente paso para Pablo y sus compañeros. Tal como Pablo, nosotros debemos de estar predicando la palabra de Dios y el Espíritu Santo nos guiará con la mano invisible de la providencia. 


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